La ilusión óptica que nos ocupa se conoce como “ventana de Ames” en honor a su creador, Adelbert Ames (más conocido por la habitación de Ames, ese truco de perspectiva que hace que algunas personas se vean más grandes que otras en un mismo escenario y que ha sido usado en películas como Willy Wonka y la fábrica de chocolate o El Señor de los Anillos).
La ventana de Ames no es un truco de perspectiva, sino de expectativa. Consiste en una pieza de cartón con forma de trapecio que ha sido pintada por ambos lados para parecer una ventana vista desde cierto ángulo. La ilusión empieza cuando cuelgas la ventana de un cable y la haces girar.
La ventana de Ames está dando una vuelta completa, pero el observador percibe un giro de tan solo 180 grados; primero hacia un lado, después hacia el otro. La ilusión es tan potente que no se rompe aunque sepas que no está oscilando, aunque sepas que es un trapecio y no un rectángulo.
Incluso puedes engancharle un objeto como punto de referencia y mantener la ilusión.